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Días
4 y 5 de marzo de 2006.
Sobre
las 8 de la mañana del sábado y desde el bar de la
gasolinera próxima a la localidad valenciana de Yátova,
iniciamos la formalización de las inscripciones y recibimos
toda la documentación necesaria. Como siempre repusimos fuerzas
con un café con leche y bollería de la zona.
Vimos muchas caras conocidas -nosotros ya llevamos
5 rutas-. Sobre las 9 de la mañana nos subimos en nuestros
respectivos: Galloper - Defender - Montero Sport e iniciamos la
aventura.
La
jornada matutina transcurre sin contratiempos y llegamos al punto
donde nos espera el "catering" para reponer fuerzas. El
viento ya empieza hacer estragos y, será el componente que
nos acompañará durante todo el fin de semana.
Utilizando el tiempo justo para reponernos, de
inmediato nos ponemos en marcha ya que los conductores están
impacientes por continuar la marcha. Nada más llegar al punto
de salida del segundo tramo, en la primera viñeta ya nos
equivocamos, de repente nos encontramos detrás de un autobús
y la verdad, nos sorprende, ahí empezamos a notar que las
casillas no cuadran y algo marcha mal, las copilotos deciden que
lo mejor es volver a la casilla 46 y empezar de nuevo; el Galloper
de Luis empieza con los problemillas, lo primero en perder es la
"faldilla" trasera cuando al hacer marcha atrás
se engancha con ella, a continuación el embellecedor trasero
se desmonta, todo se soluciona con unas cuerdas.
Retomamos
la ruta y todo marcha a la perfección, bueno eso creemos,
Luis vuelve a reclamar una parada técnica y está vez
es por la defensa, se mueve demasiado y, tras comprobar qué
sucede -los tornillos han desaparecido casi en su totalidad- se
le engancha una eslinga para poder continuar el viaje, a partir
de aquí nos preguntamos ¿qué será lo
siguiente?
Llegamos
al Restaurante "El Cerrao" próximo a la localidad
de Sot de Chera y la mayoría de los coches tenían
un denominador común, el color chocolate que los cubría,
aunque detectamos que algunos de ellos carecían de ese particular
y, por la tarde comprobamos el por qué; cuando se acercaban
a un charco, reducían la velocidad al máximo y pasaban
con mucha cautela, cosa muy distinta a lo que nos sucedía
a nosotros, pasando a velocidad -moderada- pero abriéndose
las cortinillas de agua, por lo que era necesario conectar los limpia
a tope.
La comida se alargo en exceso y aún quedaban bastantes kilómetros
por delante.
La
tarde se complica, existe una confusión en la casilla 164
ya que inicialmente no coincide pero seguimos adelante para comprobar
la siguiente viñeta y Carlos con su GR nos confirma lo que
ya temíamos, ¡por ahí no sigue la ruta!, hemos
fallado en algo y decidimos dar la vuelta.
Por el camino nos encontramos con otros tres participantes
y les indicamos que el camino es incorrecto por lo que también
deciden retroceder.
Volvemos
a la casilla "trampa" y se inician las conjeturas para
tomar un camino u otro, el GPS del Defender comprueba el posible
camino a seguir, aunque el GR insiste en seguir en sentido contrario.
Al cabo de unos minutos comprobamos que ya estamos
en el camino correcto, las viñetas empiezan a coincidir.
Por la emisora se escucha ¡¡¡
estamos pérdidos
.!!!
Y, Manolo marcha en busca y captura de ellos, localizando al Touareg,
Mitsubishi DiD y Freelander.
El GR aún está haciendo casilla
arriba, casilla abajo, hasta que desiste y Manolo los rescata a
través de las coordenadas facilitadas.
La
noche nos acecha y aunque la ruta está próxima a finalizar,
en la casilla 204 desistimos y seguimos camino por la nacional para
llegar al Santuario de Ntra. Sra. de la Tejeda en la localidad de
Garaballa de la provincia de Cuenca. Los que esperan con ansiedad
la llegada al Monasterio eran Lucía y Héctor para
comprobar si era un sitio tétrico, como en las pelis y habrían
monjes -con capucha-.
Decidimos
repostar para estar preparados para el día siguiente, cuando
llegan noticias por la emisora que los pocos coches que habían
decidido finalizar la ruta se iban quedando atascados en algún
punto de la ruta, pensamos que nuestra decisión había
sido la acertada.
Una vez formalizados los trámites en recepción
y con llave en mano, empezamos a visitar las instalaciones, sin
dejarnos ningún rincón por explorar.
Los
niños estaban encantados, incluso propusimos jugar al escondite,
pero la hora de la cena acechaba y lo primero era asearnos para
estar algo decentes.
Algunos
prolongaron la noche en los locales del pueblo, pero nosotros nos
fuimos a nuestras respectivas habitaciones para descansar.
Al
día siguiente, nos despertamos temprano y nos quedamos sorprendidos
tras comprobar que todo estaba cubierto por un manto de nieve. Rápidos
y veloces y, con cámara en mano, nos dispusimos a inmortalizar
el momento.
A las 8'30 hrs. ya teníamos el desayuno
preparado y en el parking estaba Manolo repartiendo los rutómetros.
Calentamos
motores e iniciamos el trayecto, después de unos kilómetros
por asfalto empiezan los caminos forestales y de nuevo emprendemos
la aventura.
Llegamos
los primeros al paraje elegido para reponer fuerzas, con un frío
intenso y después del cafetito, continuamos nuestro camino
viendo durante gran parte del recorrido los embalses de la zona.
Era tal la fuerza del viento que parecía que los pinos nos
hacían la ola al pasar.
Todo
marchaba a la perfección hasta que llegamos a la casilla
donde había que ascender al cerro Atalaya, fuimos subiendo
con alguna que otra complicación, pero el Galloper de Luis
se resistía, ha roto la tracción y tiene que buscar
un camino alternativo, continuamos ruta y en breve recibimos señal
por la emisora y lo divisamos, ya estamos de nuevo juntos. Ahora
era el turno del Montero Sport, pasamos por un barrizal y entra
decidido, con algo de velocidad, lo que provoca un trompo, quedándose
el coche cruzado, el Defender ha estado rápido de reflejos
y ha podido esquivarlo.
La
ruta va llegando a su fin y, aunque algunos participantes aprovechan
para realizar algún tramo extra, nosotros decidimos continuar
hasta llegar al Balneario de Chulilla, donde bajo una gran carpa
nos esperaba la ansiada comida. El ruido del viento era ensordecedor
y, más de uno mirábamos constantemente hacia el techo
ya que no confiábamos mucho en la estructura.
Llega
el momento de la despedida, no sin antes agradecer a Chelo y Mabel,
encargadas de la logística, que siempre está todo
a punto cuando llegamos al encuentro y eso que les acompañan
sus retoños.
Hasta la próxima.
Rosa
Ruiz
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