En esta sección iremos colocando los relatos de las rutas que organicemos durante todo el año.

Ruta "Los Embalses '06" por Jorge Sequí

 

 Antes de llegar a la gasolinera de Yatova, donde estaba prevista la salida, nos encontramos a varios compañeros en la autovía, formando una bonita caravana de máquinas sedientas de kilómetros y barro.

  Muchas caras conocidas y algunas nuevas incorporaciones. Tras saldar la cuenta dineraria y recibir los correspondientes regalos, permisos y rutómetro, nos encaminamos al coche para encontrar un sitio donde ubicar la pegatina de esta edición.

  Los primeros tramos discurrieron con bastante polvo, pero la situación se fue reconduciendo y llegamos al almuerzo con nuestras monturas salpicadas de barro. La temperatura animaba a comer rápido y continuar la marcha, así que salimos cuando todavía faltaban algunos coches por llegar, como el amigo Rai, así como los Touareg que estrenaron en esta ruta los laterales de los vehículos debido a lo angosto de la vegetación en algunos tramos.

  La emisora nos informaba de un percance sin mayores consecuencias, en el que un quad había salido recto en una curva y acabado aterrizando en un campo varios metros mas abajo. El susto fue mayúsculo para los coches que le seguían al ver desaparecer repentinamente el vehículo precedente.

  Tras varios kilómetros por pistas, llegamos a una zona cerca del Rebollar, donde inmensos charcos dominaban el camino. Pedal a fondo y limpia parabrisas a tope, bueno por lo menos el que pudiera, porque el GR de Carlos y Vicente se quedó sin este elemento y tenia que limpiar a mano el cristal tras cada charco. Ufffff...

  Al poco pasamos por una bajada arcillosa, que de haber llovido en esos momentos hubiera sido un punto negro para toda la comitiva.

  Antes de la comida, una rama de pino, quiso dejar su huella en la ruta y vaya si lo hizo, arranco de cuajo el ciclónico del snorkel de Gabi. Menos mal que a mi me había pasado exactamente lo mismo unas semanas antes y me surtí con un recambio en forma de seta por si las moscas.

  La comida en el restaurante "El Cerrao" de Sot de Chera se alargo demasiado, lo que hacia esperar que la llegada al hotel fuera pasadas las 7 y media. Muy halagüeñas previsiones para lo que nos pasaría cerca ya del hotel...

  Los caminos embarrados seguían haciendo las delicias de los conductores, aunque a algún despistado el agua se le metió en el coche por entrar con la ventanilla bajada y se bronceó la cara instantáneamente.

  Mientras tanto, las rodadas de los coches (despistados) precedentes hicieron que todo el grupo se equivocara en una casilla, puesto que los kilómetros casi coincidían y el dibujo era muy similar. Tras varios cruces de caminos decidimos parar e intentar regresar. Nos decidimos a dar la vuelta en una zona angosta, pero aquello empezaba a parecer el parking de Carrefour y nos juntamos allí unos 10 coches....Tras un par de minutos descubrimos el error, pues el desvío correcto estaba unos metros mas adelante del desvío que habíamos tomado inicialmente. Muchos coches decidieron probar otros caminos, en lugar de volver atrás y estuvieron perdidos durante bastante tiempo.

  Había zonas en la que el terreno estaba realmente resbaladizo, cosa que hizo que al parar a hablar con la organización, Gabi estuviera a punto de comprimir el parachoques trasero de mi coche, pues llevaba ya varios metros con las ruedas bloqueadas y el coche no se detenía...

  Continuamos la ruta, y como íbamos bastante adelantados, decidimos ir a la gasolinera de Sinarcas a repostar. Esto haría que mas adelante nos reencontráramos con los coches que inicialmente se habían perdido varios kilómetros antes.

  Enfilamos la subida al alto del Caballuelo donde una liebre nos iba abriendo el camino, saltando incesantemente sobre las luces del coche. El camino estaba bastante roto y por mucho que pisaba el acelerador, el bicho corría más que mi coche. Finalmente se perdió entre la vegetación un poco antes de llegar a unas tremendas grietas que adornaban el resbaladizo camino de subida.

  La adrenalina de la persecución de la liebre hizo que casi no le diéramos importancia a aquellas grietas, que en otra situación nos hubieran hecho pensar la trazada varias veces. Fue entonces cuando oímos por la emisora el mensaje: "Cuidado en la bajada que hay un coche atascado".

  La oscuridad de la noche era total y solamente podíamos ver un coche inclinado con la parte izquierda metida en una profunda rodera. Bajamos del coche y nos embarramos por completo, llevando en cada bota un kilo de arcilla. La situación parece complicada, intentamos empujar y hacer contrapeso, pero el "pequeño" HJ61 ni se mueve. Así que me tocó estrenar mi recién comprada eslinga y mancharla un poco de aquel barro que nos impedía caminar con soltura.

  Todos cruzamos los dedos, cuando el cabrestante empezó a tensar y las luces del coche flojearon varias veces, pero finalmente el tanque salió de aquella trampa. Tras él pasó el Terrano largo de M.A, Gabi y yo mismo, aunque golpeando el diferencial contra una piedra caliza que deshicimos en mil pedazos. Antes de continuar la bajada, esperamos a que Rai pasara de aquella trampa, pero el Mitsu se quedo cruzado y con la tripa apoyada en le cresta del camino. Nuevamente la eslinga reclamo su presencia y un tironcito fue suficiente para sacar al V6 de tan embarazosa situación.

  Después pasó el GR de Paco y Mari Cruz y los quads sin ningún contratiempo.
Continuamos cautelosos la bajada con tramos de autentico lodazal. Poco a poco la pendiente desapareció y el camino llegó a la carretera que nos llevó al hotel. Antes de entrar en el precioso recinto, nos lavamos las botas en la fuente del parking, para evitar convertir aquel retiro espiritual en un campo de barro.

  La mañana nos sorprendió con una bonita nevada que cubría los campos y como no, nuestros coches. Algunos coches decidieron acabar la ruta el sábado y otras caras nuevas con limpísimos coches se unieron el domingo a la caravana de coches salpicados de barro y nieve hasta las antenas.

  Pasado Talayuelas nos adentramos en un pinar de rodeno, del que surgía una pista que invitaba a aligerar la marcha, pero el firme escondía una trampa en forma de arcilla, que hacía que hubiera que bajar con pies de plomo y negociar cada pequeña curva con exquisita suavidad para evitar la salida de la pista.

  Pasado este tramo subimos por una antigua calzada que tras varios kilómetros nos llevaría al esperado almuerzo. El paisaje era muy bonito, pero el clima era inhóspito y no dejaba que saliéramos del refugio en el que teníamos preparado el ágape. Así que tras devorar el bocadillo y tomar un café bien calentito, salimos para enfrentarnos al horrible viento y a los 70 kilómetros restantes.

  La ruta nos guardaba una agradable sorpresa, un cortafuegos por el que subía un camino, formaba parte de la diversión para el domingo. La vista desde lejos era aterradora, pero una vez abajo, la pendiente parecía querer coquetear con nosotros mostrándose menos inclinada.

  ¡Nada más lejos de la realidad! La pendiente se cobro su tributo. El Galloper de nuestro amigo Luis tuvo que desistir en el empeño por coronar aquella larga pendiente, puesto que hacia la mitad de la misma había una zona mas complicada y la falta de tracción delantera no permitiría que avanzara ni un metro más.

  El resto fuimos subiendo con decisión sin aflojar en ningún momento el pié derecho. Una vez arriba, el fuerte viento reinante, también reclamaría algún daño, abriendo la puerta del Terrano largo que acabo golpeando la aleta delantera....Tras el nerviosismo inicial, unos golpes aquí, otros allá, consiguieron que la puerta pudiera de nuevo cerrarse y abrirse de forma normal.

  La caravana continuó por caminos rápidos, pero llenos de badenes que jugaban con los coches pareciendo que surcábamos un mar con marejada.

  Desde allí nos dirigimos a la presa de Benageber, donde algunos nos hicimos un bonito recuerdo de "familia" con los coches formando para la instantánea.

  Casi llegando a Chulilla, unos pocos nos desviamos de la ruta para observar las impresionantes gargantas que forma el río Turia al pasar por los desfiladeros rocosos de esa zona.

  La comida fue movidita y las miradas al techo eran constantes, para evitar ser sorprendidos en caso de que el viento tirara la carpa del restaurante y nos pillara con la comida en la boca. Finalmente todo acabo sin contratiempos.

  Besitos y Saludos de despedida y hasta la próxima rutilla.

  Jorge Sequí

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Esta página fue actualizada el 8-3-2006