|
Antes
de llegar a la gasolinera de Yatova, donde estaba prevista la salida,
nos encontramos a varios compañeros en la autovía,
formando una bonita caravana de máquinas sedientas de kilómetros
y barro.
Muchas
caras conocidas y algunas nuevas incorporaciones. Tras saldar la
cuenta dineraria y recibir los correspondientes regalos, permisos
y rutómetro, nos encaminamos al coche para encontrar un sitio
donde ubicar la pegatina de esta edición.
Los
primeros tramos discurrieron con bastante polvo, pero la situación
se fue reconduciendo y llegamos al almuerzo con nuestras monturas
salpicadas de barro. La temperatura animaba a comer rápido
y continuar la marcha, así que salimos cuando todavía
faltaban algunos coches por llegar, como el amigo Rai, así
como los Touareg que estrenaron en esta ruta los laterales de los
vehículos debido a lo angosto de la vegetación en
algunos tramos.
La
emisora nos informaba de un percance sin mayores consecuencias,
en el que un quad había salido recto en una curva y acabado
aterrizando en un campo varios metros mas abajo. El susto fue mayúsculo
para los coches que le seguían al ver desaparecer repentinamente
el vehículo precedente.
Tras
varios kilómetros por pistas, llegamos a una zona cerca del
Rebollar, donde inmensos charcos dominaban el camino. Pedal a fondo
y limpia parabrisas a tope, bueno por lo menos el que pudiera, porque
el GR de Carlos y Vicente se quedó sin este elemento y tenia
que limpiar a mano el cristal tras cada charco. Ufffff...
Al
poco pasamos por una bajada arcillosa, que de haber llovido en esos
momentos hubiera sido un punto negro para toda la comitiva.
Antes
de la comida, una rama de pino, quiso dejar su huella en la ruta
y vaya si lo hizo, arranco de cuajo el ciclónico del snorkel
de Gabi. Menos mal que a mi me había pasado exactamente lo
mismo unas semanas antes y me surtí con un recambio en forma
de seta por si las moscas.
La
comida en el restaurante "El Cerrao" de Sot de Chera se
alargo demasiado, lo que hacia esperar que la llegada al hotel fuera
pasadas las 7 y media. Muy halagüeñas previsiones para
lo que nos pasaría cerca ya del hotel...
Los
caminos embarrados seguían haciendo las delicias de los conductores,
aunque a algún despistado el agua se le metió en el
coche por entrar con la ventanilla bajada y se bronceó la
cara instantáneamente.
Mientras
tanto, las rodadas de los coches (despistados) precedentes hicieron
que todo el grupo se equivocara en una casilla, puesto que los kilómetros
casi coincidían y el dibujo era muy similar. Tras varios
cruces de caminos decidimos parar e intentar regresar. Nos decidimos
a dar la vuelta en una zona angosta, pero aquello empezaba a parecer
el parking de Carrefour y nos juntamos allí unos 10 coches....Tras
un par de minutos descubrimos el error, pues el desvío correcto
estaba unos metros mas adelante del desvío que habíamos
tomado inicialmente. Muchos coches decidieron probar otros caminos,
en lugar de volver atrás y estuvieron perdidos durante bastante
tiempo.
Había
zonas en la que el terreno estaba realmente resbaladizo, cosa que
hizo que al parar a hablar con la organización, Gabi estuviera
a punto de comprimir el parachoques trasero de mi coche, pues llevaba
ya varios metros con las ruedas bloqueadas y el coche no se detenía...
Continuamos
la ruta, y como íbamos bastante adelantados, decidimos ir
a la gasolinera de Sinarcas a repostar. Esto haría que mas
adelante nos reencontráramos con los coches que inicialmente
se habían perdido varios kilómetros antes.
Enfilamos
la subida al alto del Caballuelo donde una liebre nos iba abriendo
el camino, saltando incesantemente sobre las luces del coche. El
camino estaba bastante roto y por mucho que pisaba el acelerador,
el bicho corría más que mi coche. Finalmente se perdió
entre la vegetación un poco antes de llegar a unas tremendas
grietas que adornaban el resbaladizo camino de subida.
La
adrenalina de la persecución de la liebre hizo que casi no
le diéramos importancia a aquellas grietas, que en otra situación
nos hubieran hecho pensar la trazada varias veces. Fue entonces
cuando oímos por la emisora el mensaje: "Cuidado en
la bajada que hay un coche atascado".
La
oscuridad de la noche era total y solamente podíamos ver
un coche inclinado con la parte izquierda metida en una profunda
rodera. Bajamos del coche y nos embarramos por completo, llevando
en cada bota un kilo de arcilla. La situación parece complicada,
intentamos empujar y hacer contrapeso, pero el "pequeño"
HJ61 ni se mueve. Así que me tocó estrenar mi recién
comprada eslinga y mancharla un poco de aquel barro que nos impedía
caminar con soltura.
Todos
cruzamos los dedos, cuando el cabrestante empezó a tensar
y las luces del coche flojearon varias veces, pero finalmente el
tanque salió de aquella trampa. Tras él pasó
el Terrano largo de M.A, Gabi y yo mismo, aunque golpeando el diferencial
contra una piedra caliza que deshicimos en mil pedazos. Antes de
continuar la bajada, esperamos a que Rai pasara de aquella trampa,
pero el Mitsu se quedo cruzado y con la tripa apoyada en le cresta
del camino. Nuevamente la eslinga reclamo su presencia y un tironcito
fue suficiente para sacar al V6 de tan embarazosa situación.
Después
pasó el GR de Paco y Mari Cruz y los quads sin ningún
contratiempo.
Continuamos cautelosos la bajada con tramos de autentico lodazal.
Poco a poco la pendiente desapareció y el camino llegó
a la carretera que nos llevó al hotel. Antes de entrar en
el precioso recinto, nos lavamos las botas en la fuente del parking,
para evitar convertir aquel retiro espiritual en un campo de barro.
La
mañana nos sorprendió con una bonita nevada que cubría
los campos y como no, nuestros coches. Algunos coches decidieron
acabar la ruta el sábado y otras caras nuevas con limpísimos
coches se unieron el domingo a la caravana de coches salpicados
de barro y nieve hasta las antenas.
Pasado
Talayuelas nos adentramos en un pinar de rodeno, del que surgía
una pista que invitaba a aligerar la marcha, pero el firme escondía
una trampa en forma de arcilla, que hacía que hubiera que
bajar con pies de plomo y negociar cada pequeña curva con
exquisita suavidad para evitar la salida de la pista.
Pasado
este tramo subimos por una antigua calzada que tras varios kilómetros
nos llevaría al esperado almuerzo. El paisaje era muy bonito,
pero el clima era inhóspito y no dejaba que saliéramos
del refugio en el que teníamos preparado el ágape.
Así que tras devorar el bocadillo y tomar un café
bien calentito, salimos para enfrentarnos al horrible viento y a
los 70 kilómetros restantes.
La
ruta nos guardaba una agradable sorpresa, un cortafuegos por el
que subía un camino, formaba parte de la diversión
para el domingo. La vista desde lejos era aterradora, pero una vez
abajo, la pendiente parecía querer coquetear con nosotros
mostrándose menos inclinada.
¡Nada
más lejos de la realidad! La pendiente se cobro su tributo.
El Galloper de nuestro amigo Luis tuvo que desistir en el empeño
por coronar aquella larga pendiente, puesto que hacia la mitad de
la misma había una zona mas complicada y la falta de tracción
delantera no permitiría que avanzara ni un metro más.
El
resto fuimos subiendo con decisión sin aflojar en ningún
momento el pié derecho. Una vez arriba, el fuerte viento
reinante, también reclamaría algún daño,
abriendo la puerta del Terrano largo que acabo golpeando la aleta
delantera....Tras el nerviosismo inicial, unos golpes aquí,
otros allá, consiguieron que la puerta pudiera de nuevo cerrarse
y abrirse de forma normal.
La
caravana continuó por caminos rápidos, pero llenos
de badenes que jugaban con los coches pareciendo que surcábamos
un mar con marejada.
Desde
allí nos dirigimos a la presa de Benageber, donde algunos
nos hicimos un bonito recuerdo de "familia" con los coches
formando para la instantánea.
Casi
llegando a Chulilla, unos pocos nos desviamos de la ruta para observar
las impresionantes gargantas que forma el río Turia al pasar
por los desfiladeros rocosos de esa zona.
La
comida fue movidita y las miradas al techo eran constantes, para
evitar ser sorprendidos en caso de que el viento tirara la carpa
del restaurante y nos pillara con la comida en la boca. Finalmente
todo acabo sin contratiempos.
Besitos
y Saludos de despedida y hasta la próxima rutilla.
Jorge
Sequí
ver
las fotos
|